27 Oct


Cada año escolar trae consigo nuevos retos, aprendizajes y, por supuesto, grupos que marcan la diferencia. Este año, el grupo 602 del Colegio República Dominicana ha sido uno de esos. Son un conjunto de estudiantes llenos de energía, curiosidad y, sí, a veces, un poco de ese “toque especial” que hace que las clases nunca sean aburridas.Con ellos, el aula se convierte en un espacio dinámico donde puede pasar de todo: desde una respuesta brillante hasta una anécdota inesperada que arranca sonrisas. A veces parecen tener una batería infinita, y mantener su atención puede ser un reto digno de maratón. Sin embargo, detrás de cada interrupción o comentario fuera de lugar, siempre hay una chispa de creatividad y espontaneidad que vale la pena rescatar.El grupo 602 es ruidoso, sí, pero también auténtico. En sus conversaciones, ideas y formas de expresarse se ve reflejada una generación que quiere ser escuchada, comprendida y valorada. Poco a poco, entre risas, llamados de atención y pequeños logros, uno se da cuenta de que estos “fastidiosos” en realidad tienen un gran corazón y un enorme potencial.Al final del día, trabajar con ellos me recuerda porque ser docente es una aventura diaria: porque detrás del cansancio y los desafíos, siempre hay historias que nos hacen sonreír, aprender y seguir adelante.


“¡Sobreviví a otro día con 602!”. Pero luego llega alguno con una sonrisa, un dibujo o un “profe, usted es chévere”, y se me olvida todo el cansancio. Así que sí… son fastidiosos, pero ¡cómo se les quiere!

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